José Alejandro Morales

Compositor

Socorro - Santander

José Alejandro Morales es uno de los compositores colombianos más recordados e importantes. Nacido el 19 de marzo de 1913 en El Socorro, Santander y murió el 22 de septiembre de 1978 en Bogotá.
Hijo de Tulio Morales y Dolores López, fue uno de los más importantes compositores colombianos, además de ser uno de los que más obras han dejado. Siempre se caracterizó por su elegancia, además de su talento musical.
Fue el primer compositor en hacer canción protesta en Colombia, con la canción Ayer me echaron del pueblo y Pueblito viejo estas fueron sus canciones mas reconocidas por toda Colombia, después se expandieron por el mundo en varios idiomas como el inglés, francés, etc.  Inició su desarrollo musical en su tierra, donde estudió instrumentos como el tiple y el requinto.
Cuando aún era muy joven se trasladó a Bogotá, donde desarrollaría casi en su totalidad su carrera artística.
Siempre se caracterizó por su talento musical, sus buenos modales, su fino modo de vestir y su actividad intelectual.  En el año de 1935 realizó su primera composición en la capital colombiana: un tangoo titulado Marta, con el que obtuvo grandes éxitos. 
Realizó su primera grabación musical en los estudios de Sonolux Con las voces e instrumentos, tiple y guitarra de GARZON Y COLLAZOS, "LOS PRINCIPES DE LA CANCION COLOMBIANA" bajo la dirección del maestro Luis Uribe Bueno. Era un sencillo de 78 RPM que contenía su bambuco María Antonia y Arrunchaditos, de Rafael Godoy Grabación, con la que logro que el pueblo colombiano le empezara a reconocer como compositor. 
Se desempeñó además como Director de relaciones públicas de Sonolux, y como comentarista en diversos programas culturales de radio en varias emisoras de la capital colombiana. 
Regresó a su pueblo natal luego de grandes éxitos en Bogotá, y formó el grupo musical La Lira. Después de algunos años de vivir en BucaramangaSan Gil y Socorro, regresó a Bogotá y se radicó allí definitivamente, pues consideraba que en esa ciudad podría desarrollar mejor su trabajo. 
En la figura, ya consagrada por aclamación popular, de José Alejandro Morales, se prolongan las más fabulosas personalidades de la música colombiana del interior.
Morales trajo en su tiple, desde su nativo Socorro, en el Santander de las gestas civiles y guerreras más impresionantes de la historia patria, bambucos de nuevo cuño, con palabras distintas, con melodías excitantes que reflejaban las mañanas, las tardes y las noches de los vetustos poblados a los cuales se llega, en vez de por antiguos e incómodos caminos de herradura, por vias carreteables, asfaltadas y limpias,
Los bambucos, pasillos y valses de Morales, con el espíritu y la emoción de las tonadas centenaristas, de Wills, de Morales Pino y de Calvo, tienen traje nuevo cortado sobre moldes modernos Son hechos para cantarse en estos tiempos.
Murió el 22 de septiembre de 1978 a causa de una afección hepática en la Clínica del Country en la capital colombiana, aunque su cuerpo fue trasladado a Socorro a petición de sus parientes y el pueblo santandereano.  El maestro José Alejandro Morales es quizá uno de los más grandes compositores de la música andina colombiana, debido, además de la enorme cantidad de piezas que escribió, a que una gran cantidad de sus obras son consideradas verdaderas joyas del folclore andino.  José A. Morales tiene una discografía que incluye aproximadamente 370 composiciones. Algunas de ellas son:
María Helena, Luz Alba, Pescador, lucero y río, Campesina Santandereana, Señora Bucaramanga,, María Antonia, Hiedra de amor, El corazón de caña, En el silencio, Perdón y olvido, Doña Rosario, Ya se acabaron los machos, Recordar es sufrir, Tiplecito bambuquero, La negra mía, Ende que murió mi negra, Amor Imposible, Mala mujer, Camino viejo, Prefiero no verte, Pueblito viejo, Socorrito, Bambuquito de mi tierra, Amistad, Invasión de amor, Consigna, Cenizas al viento, Yo también tuve veinte años, Soberbia, Titiribi

 

El corazón de la tierra

La música folclórica, la que tiene su fuente íntima en el alma del pueblo, es esencialmente humana, porque se cristaliza en las canteras de la emoción, del sentimiento de felicidad y de dolor de pueblo: Toma en ocasiones elementos corales del ambiente para complementarse y adornarse como acontece con la danza, coreográficamente.
Pudiera decirse que, cuando la música clásica impresiona directamente al intelecto y sublimiza por este medio al espíritu con el embrujo tonal de su voz, la folclórica va más allá, hasta la hondura del corazón, retumbando en cadencias y frases de amor o de quejumbre sobre su propia fuente psíquica y orgánica, sobre lo espiritual y sensual del hombre. Por esto, al escuchar un bambuco, un torbellino, una guabina o una danza, sentimos que esa música es un cántico que se escapa de nosotros mismos como la voz pura, espontánea y transparente del instinto amatorio. Transportados por ella a un estado exultante de idealismo, contemplamos extasiados nuestro mundo interior pleno de colorido, de pasión y de verdad y nuestra emoción entonces no es simplemente intelectiva sino anímica, sensual y recreativa.
Con los ojos del alma revivimos las escenas del amor agreste, límpido y cordial que se enciende en las noches de luna en los patios de las humildes chozas campestres, como una llama inconsútil que enrojece las mejillas de las mozas ariscas, que pone su chispa divina en la mirada y juvenece el coral de sangre en ansias de maternidad en los labios femeninos. En cada giro del pentagrama hallamos la móvil e inquieta modalidad de nuestro ser íntimo despojado de esa artificiosa carnadura social que tanto traiciona la verdad y que nos torna soberanamente mudos y displicentes ante las expresiones naturales de la belleza. Y la voz del que canta las endechas, del que cuenta rasgueando el tiple acompañante, una escena de amor a la vera del camino real, cerca del río, donde "MARIANTONIA", la ventera, tiene una tienda de besos, nos parece el eco del subconsciente llegado al través del tiempo por los senderos del aire, en una recuperación, en un florecimiento vivo del grato recuerdo que se hiciera inmortal en nuestra sangre.
Ejemplo puro de expresión vernácula, es el bambuco "MARIANTONIA" de José A. Morales que enseña claramente los fundamentos, la esencia y el poderío artístico sentimental de la música popular colombiana. La escena tiene paisaje campestre y son de égloga virgiliana la luz, la vegetación, los trinos y el discurrir poético del río. Un camino blanco o amarillo, de esos caminos trajinados por los bueyes y los hombres en nuestras breñas matizadas de esfuerzos; un río ligero orquestando el aire, con espurrias albas y fugaces, con árboles ribereños de cabellera irsuta extendida cadenciosamente hasta el agua; una tienda empotrada en el barranco, rodeada de geranios y clavellinas, con aleros de palmas y ambiente oloroso a anis y pomarrosas; sobre la blanca cal del frontis el típico nombre de la tienda bordeado en pintura de filigrana rústica; y adentro, una ventera, MARIANTONIA, campesina sencilla y generosa, novia de la soledad y prometida del deseo. Por el camino, todos los días antes que el sol amanezca, baja, ruana al hombro, remangada la camisa, listo el corazón y alta la frente, el varón: su hombre formal que la visita cariñoso para comprarle los besos, la mercancía única e inagotable que MARIANTONIA envuelta en la bruma mañanera le vende por mayor en el insosiego cálido de su pasión.
Tomado de la contracaratula del disco Sonolux LP-12-493

 

Conceptos de la Prensa Nacional sobre la Música de José A. Morales

(...) "Entre los escritores de auténtica música nacional tenemos en Colombia al compositor José A. Morales, dotado de una brillante inteligencia melódica, llena de ritmos autóctonos y de profundo sentimiento folclórico. En su música vibran el ánima terrígena popular con el armonioso equilibrio de las más puras notas del bambuco, la guabina y el pasillo que constituyen nuestras voces interiores en una combinación que va de le alegría a la tristeza, de la festiva emoción a la dolorosa queja de las penas del alma. Su temática constituye la historia sentimental y romántica de la raza.
Sería I demasiado prolijo enumerar la extensión de su obra musical dotada de unidad, a pesar de su variedad, siempre henchida de intención humana, de fuerza telúrica, y reaIizada con ese sentido poético que debe tener la expresión de la vida y de la música I verdaderas, para que ella se desenvuelva en un ambiente de zonas espirituales" (...)
EL TIEMPO - Bogotá.
(...) "Músico y poeta de altas valencias espirituales, José A. Morales lleva su personalidad de artista con la elemental elegancia con la que se puede llevar una orquídea en el ojal de un smoking. Sencillo, seguro de su valor, cordial, amable, franco y claro como los hombres de su tierra, este santandereano ha dedicado los mejores años de su vida a cantar los motivos triviales pero a la vez trascendentes de la patria. José es un enamorado de la belleza, un misionero de los aires folclóricos, un desvelado defensor de todos aquellos motivos que hunde sus raíces en el suelo bendito donde cayó la semilla de sangre de los comuneros. Pudiera decirse que por el tiple de José Morales pesa la savia que viene de ruborizar los mortiños y el dolor de la caña que ha sido sacrificada en el trapiche y el beso de la novia de trenzas y el rosario que reza junto al fogón de tres piedras y las cuatro puntas de una ruana que supieron de los noventa años de un abuelo. Para Morales la tierra es una prolongación del alma y el tiple es una madera que tiene raíces en el corazón (...)
EL COLOMBIANO - Medellín.
I (...) "José A. Morales, cuya obra folclórica inspira estas líneas, es uno de los grandes compositores santandereanos de más hondo sentimiento y fecunda labor musical. Autor, intérprete y vocalizador de su propio exquisito fruto melódico, su mensaje artístico alcanza ya un valor intrínseco dentro de la riqueza folclórica nacional" (...)
EL ESPECTADOR , Bogotá.
( ...) "José A. Morales no es un virtuoso de la música, como lo pudiera ser un Uribe Holguín, pero sí un notable y exquisito conocedor del significado del arte nativo, de aquél que fluye del pueblo con una belleza incomparable. En sus pentagramas, en su tiple, adquieren viveza y se trasforman en un lenguaje definido de lo que constituye la esencia misma del arte vernáculo. Ha difundido su música con orgullo de colombiano, y sin la avaricia de otros compositores (...)
CROMOS - Bogotá.
( ...) José A. Morales pertenece a las últimas generaciones de compositores colombianos. En corto tiempo, ha adquirido una fama nacional, que se dilata más allá de la Patria. Consagrado por entero al arte musical. ha demostrado a propios y extraños los valores espirituales de su capacidad creadora en composiciones de noble inspiración y brillante colorido" ( ...)
VANGUARDIA LIBERAL . Bucaramanga.
I (...) —Dueño de una delicada sensibilidad estética, decantada a través de prolongadas experiencias en el cultivo del arte musical, el maestro José A Morales ha sabido consagrarse a la conservación y el enriquecimiento de la música vernácula en tal forma que sin exagerar se le puede señalar como a uno de los más fieles y meritorios exponentes. Por sobre la indiferencia - cuando no el desprecio - de un medio tarado todavía de "extranjerismo, es decir, de ciega y exagerada predilección por lo extraño, que lo lleva a subestimar lo propio, abandonando a quienes han sido dotados por la naturaleza de especiales aptitudes de inteligencia odia ingenio a sus propios esfuerzos, ha rendido el maestro Morales el aporte valioso de su inspiración al acervo musical del país. Conscientes del deber que tenemos todos de contribuir a la consolidación de de las categorías que identifican y singularizan la nacionalidad . entre las cuales es sustancial el arte -, Morales se ha dedicado a divulgar y enriquecer la música vernácula, con interés y constancia dignos de imitación y aplauso— (...)
La REPÚBLICA - Bogotá.
( ...) "La música de José A Morales es encantadora por su delicadeza y romanticismo y por su gran poder de evocación. Además constituye un pregón de las cosas buenas de la tierra, muy digno de tenerse en cuenta y de conservarse siempre" (...)
EL FRENTE . Bucaramanga.
( ..) José A. Morales es un valor indiscutible en los medios artísticos y sentimentales de Colombia. Sus canciones son claras porque están hechas de tierra y cielos campesinos. Parece que la sangre de José, antes de llegar al corazón pasara por los meridianos del monte y de la siembra, del trapiche que se queja y de la oración que empuja los últimos rubores del crepúsculo. Para el pueblo colombiano, el nombre de José Morales representa un sello de confianza. Todos sabemos que lo que viene respaldado con su firma, tiene latido de corazón y palpitación telúrica. José Morales es incapaz de obligar a su tiple a que cante lo que no está en sus cuerdas. Este santandereano, hidalgo como los viejos romanceros, tiene que sentir para tocar y toca para que se estremezca su tradición colombianista. Ha sabido ser, contra los snobismos de la hora, un hombre íntegro que hizo del corazón un tiple para que la madera tenga sangre de nostalgia y voz de tradición enamorada (...)
SEMANARIO PANTALLA DE MEDELLIN.

 

Raigambre campesina en la ciudad

Por: Egberto Bermúdez

La carrera de compositor de José A. Morales (El Socorro, marzo 1 de 1914 - Bogotá, septiembre 22 de 1978) comienza en Santander en 1936 con la composición de canciones y tangos, después de haberse iniciado con músicos profesionales del lugar y con el maestro José de Jesús Vargas. Poco después, su especialidad en la composición de canciones y el creciente auge de los géneros nacionales como el pasillo y el bambuco lo llevaron a Bogotá, en donde se estableció y desarrolló hasta su muerte su actividad de compositor.
En esa misma época se comienza a perfilar en los ambientes artísticos como acompañante de Francisco (Pacho) Benavides, conocido interprete del requinto, y por su asocio al nutrido grupo de músicos que a través de diferentes programas de radio dieron especial realce a la canción nacional. A comienzos de la década de los cuarenta comenzó a ganar reconocimiento nacional el dueto de Darío Garzón y Eduardo Collazos (aparecido unos años atrás en Ibagué), nombres a los que la obra musical de Morales se halla fuertemente asociada. Garzón y Collazos se vincularon a la naciente Sonolux a comienzos de la década de los cincuenta, y aproximadamente en 1954 grabaron el bambuco María Antonia y Pueblito viejo, éxitos inmediatos y paradigma de la obra musical de Morales. El autor mismo narró la génesis de su famoso bambuco en el campo de la montaña santandereana y su relato está enraizado en el viejo quehacer de cantor ambulante y popular, centrado en el manejo de la versificación y de la creación de episodios dramáticos, sentimentales, heroicos o satíricos, es decir, la antigua tradición del romancero hispánico medieval.
A mediados de los años cincuenta, el fortalecimiento de Sonolux en Medellín con el regreso de Garzón y Collazos después de un breve interludio en Sello Vergara (compañía competidora de Bogotá) lanzaron a la fama nacional a Morales, consagrado ya también en 1953 como intérprete, en el papel de acompañante en la grabación del disco de larga duración Canta un tiple, del ya mencionado Benavides. Luego vinieron bambucos como Campesina santandereana y Tiplecito bambuquero, pasillos como Doña Rosario y Camino viejo, y María Helena y Alba Luz entre sus danzas.
Al igual que otros compositores, Morales se vinculó a Sonolux como relacionista público y mantuvo una intensa labor radial, siendo una de las figuras más reconocidas del mundo de la música popular en la capital. Esta es la época de Pescador, lucero y río y Ayer me echaron del pueblo, ésta última finalista en el Festival de la Canción en Villavicencio en 1962, aunque siempre fue promocionada como la canción ganadora. Su temática recordaba otros textos de canciones que tocaban la situación del campo colombiano, que atravesaba un profundo proceso de cambio, y denunciaba en un lenguaje directo y lleno de giros campesinos las injusticias de la aún no superada condición servil del campesino de muchas regiones del país. Sin embargo, la sinceridad del nacionalismo de dicho festival no alcanzó para que la canción fuese aceptada como ganadora, justamente por alejarse del lenguaje idílico y nativista usado por quienes desde la ciudad idealizaban al campesino, como los europeos había hecho siglos atrás con el "buen salvaje" americano.
Las canciones de Morales, junto con las de otros de sus contemporáneos, constituyen el repertorio por excelencia de la canción popular colombiana de mediados de siglo, cercana por su temática y su lenguaje al inmediato ancestro campesino de la gran mayoría de la población de inmigrantes, que justo en ese momento multiplicaron varias veces las cifras de los habitantes de las principales ciudades del país.
Tomado de la Revista Credencial Historia No. 120, diciembre de 1999

 

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